10 de junio 2018

Los deberes: deber, obligación o castigo.

Como trato de transmitir siempre. Toda técnica educativa es tan buena o mala como el modo en el que es aplicado. Primero que nada hay que ver qué entiende cada uno como deberes. La RAE, lo define en su tercera acepción como “Ejercicio que, como complemento de lo aprendido en clase, se encarga, para hacerlo fuera de ella, al alumno de los primeros grados de enseñanza”. Quisiera hablar aquí de tres de los varios posibles motivos por los que se generan pero que considero más frecuentes.

  1. Actividad complementaria.

Por falta de tiempo en clase para practicar todo lo que podría ser necesario para tener por mano la actividad en cuestión en ocasiones se pueden enviar actividades de este tipo que pueden ser repetitivas. No digo que en ocasiones no sean necesarias pero es importante que sean en la medida justa y/o otorgando una motivación extra para hacerlo. Usando un ejemplo con matemáticas, realizar operaciones puede ser algo tedioso, pero si está dentro de un juego pudiendo recibir feedback automáticamente y competir con su grupo de amistades se verán más inclinados a hacerlo.

2. Trabajo a realizar en casa.

En el proceso de aprendizaje algunas tareas deben de poder hacerse en solitario o en grupo, pero aparte de aprender sobre el tema en cuestión, se trabaja la responsabilidad del discente, que aprenda a organizarse en el tiempo y a elaborar autonomamente un trabajo. Es importante que si es un trabajo, todos colaboren con su parte y que si no lo hacen se aprenda a lidiar con la situación que es más que normal en el mundo laboral. También es necesario que la tarea no sea realizada por los progenitores o en clases particulares pues se busca también trabajar la autogestión.

3. Finalizar tareas no acabadas en clase.

Puede darse el caso de que todos que han asistido a clase no hayan acabado la tarea que se encomendó para realizar en esta, lo cual puede deberse a un mal cálculo por parte del docente. Pero en casos donde sólo son unos/unas alumnas las que no han acabado, porque necesitan dedicarle más tiempo o porque perdieron el tiempo en clase. En estos casos es normal que deban dedicarle un tiempo extra, por ponerse al día con el ritmo de su clase y por su propio bien.

 

En cualquier caso, estas razones no deberían requerir que se trabajase en exceso en casa. El primero y tercero de los casos podrían/deberían ser alrededor de 20 o 30 minutos, según el caso. En el segundo dependería de la tarea y es algo muy variable por lo que prefiero no aventurarme diciendo un tiempo. En cualquier caso es conveniente que el plazo sea mínimo de una o dos semanas para que puedan planificar cómo organizarse. No hay configuración perfecta, pero esta es con la que trato de trabajar yo con mis alumnos/as.

 

Finalmente, me gustaría insistir en no demonizar la idea sino, en cada caso, tratar de entrar de reflexionar en porque se envían, si son muchos porque se han intentado hacer todos en un día o si son demasiados porque al docente se le fue la mano, comentarlo educadamente, que al final somos humanos y podemos equivocarnos.

Todo trabajo lleva en sí su misteriosa recompensa

— Charles Van Lerberghe

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Publicado originalmente en Hablemos de enseñanza.